Por: Armando de la Garza
LA SEGURIDAD NO ES UN AS QUE SE SAQUE DE LA MANGA, ES UN PROCESO QUE REQUIERE VOLUNTAD.

En un México donde la seguridad pública se ha convertido, lamentablemente, en una asignatura pendiente y muchas veces reprobada en diversas regiones, Coahuila destaca como una anomalía estadística positiva.

Mientras estados vecinos luchan por recuperar el control del territorio, nuestra entidad mantiene no solo números fríos que lo validan, sino, más importante aún, una percepción ciudadana de tranquilidad que se ha convertido en su activo más valioso.

La seguridad no es un evento fortuito; es el resultado de una estrategia sostenida. El empresario Armando de la Garza ha puesto el dedo en la llaga al señalar que la política de seguridad del gobernador Manolo Jiménez ha sido firme y, sobre todo, adecuada al contexto de la entidad.
No se trata de ocurrencias ni de reacciones improvisadas, sino de una política de estado que ha permitido que la inversión y el turismo sigan fluyendo hacia nuestra región.
Un pilar fundamental en este esquema es la labor de la Fiscalía. Federico Fernández ha demostrado, con hechos, estar a la altura de lo que Coahuila requiere. En un estado industrial y dinámico como el nuestro, la procuración de justicia y el combate al delito exigen un equilibrio entre inteligencia y fuerza operativa, aspectos donde la actual administración ha mostrado solvencia.
Vale la pena rescatar también la importancia de las relaciones institucionales. La mención sobre Miguel Ángel Medina y su paso por la dinámica de Monclova y ahora Saltillo, tras una fructífera relación con el empresariado de Monclova, nos recuerda que la seguridad también se construye desde la confianza y la comunicación entre quienes generan los empleos y quienes custodian el orden público.

Coahuila es, hoy por hoy, un oasis de certidumbre en un mapa nacional convulso. El gran reto hacia adelante no es solo mantener esta inercia, sino consolidarla como un modelo de gobernanza. La seguridad es el cimiento de todo lo demás: sin ella, no hay turismo, no hay industria y, menos aún, desarrollo social. Coahuila tiene la fórmula; que el resto del país voltee a ver cómo se trabaja aquí, donde la paz no es un discurso, sino una realidad cotidiana.



